La conquista de los hijos de Mil (Los milesios)
La cuarta gran invasión de Irlanda llegó desde Espa¬ña y la realizaron los hijos de Mil. Esa invasión repre¬sentó la llegada de los gaélicos a la Isla. Emer, Donn y Eremon eran hijos de Mil de España. A su tío se le ha¬bía aparecido Irlanda en una visión y había marchado hacia allí, siendo muerto a traición por los Tuatha de Danann. Cuando los hijos de Mil se enteraron, reunie¬ron a sus familias y posesiones y embarcaron en busca de venganza y conquista.
Los hijos de Mil eran poseedores de poderes mágicos. Donn, el hijo mayor, mandaba una flota de 65 barcos y 40 caudillos. Su jefe espiritual era Amergin, un poeta versado en las artes mágicas.
Cuando la flota de los hijos de Mil se preparaba para desembarcar en Irlanda, los Tuatha de Danann emplea¬ron la magia de los druidas para hacer desaparecer todo el país. Los navegantes se quedaron perplejos, viendo sólo mar abierto donde un momento antes había costas rocosas y tierras cubiertas de bosques. Pero Amergin se dio cuenta de la intervención de fuerzas sobrenaturales y aconsejó a Donn que diera tres vueltas a la invisible isla. Al hacer esto, el hechizo se rompió y la costa reapa¬reció. Luego desembarcaron en Inber Scene.
Al adentrarse en la isla, encontraron a tres diosas de Irlanda: Banba, Fodla y Eriu, tres antiguas divinidades territoriales cuya cooperación era muy importante para los invasores. Eriu, en un primer momento, les dio la bienvenida, asegurando que su llegada y su éxito ha¬bían sido profetizados mucho tiempo atrás. Pero Donn se mostró arrogante con la diosa y provocó que ésta se irritara. Por esta razón, luego les auguró lo contrario y los maldijo a él y a su estirpe.
Dejando a Eriu, los hijos de Mil avanzaron hacia Ta¬ra, sede de los reyes y principal santuario de la antigua Irlanda. Allí encontraron a los esposos de las tres diosas que eran los tres reyes de los Tuatha de Danann: Mac Cuill, Mac Cecht y Mac Greine. Los tres mostraron su desdén por el intento de ataque por sorpresa, al que consideraban un acto deshonroso, y dijeron a los invaso¬res que eligieran entre abandonar Irlanda, someterse a los Tuatha de Dannan o luchar.
Amergin aconsejó a Donn la retirada momentánea. Mientras volvían, la diosa Eriu, que aún se sentía ofen¬dida por los gaélicos, quiso evitar que regresaran de vuelta a Irlanda y les envió una poderosa tormenta que provocó el terror y la confusión en la flota invasora, sa¬cudida en alta mar.
Entonces Amergin, que se había dado cuenta de la si¬tuación, entonó un cántico mágico para aplacar a la dio¬sa Eriu y, de pronto, cesó la tormenta. Pero Eriu no se dio por vencida y volvió a conjurar terribles vientos y lluvias. La tormenta volvió a rugir alrededor de los hi¬jos de Mil y las olas se alzaron más altas que antes. En medio de la confusión, el barco de Donn se hundió y el resto de la flota quedó dividida bajo el mando de Emer y Eremon.
Amergin se salvó milagrosamente de las olas y, cuan¬do puso el pie en tierra firme, pronunció un poderoso encantamiento que reclamaba la tierra y todo lo que contenía para los hijos de Mil. Este encantamiento ven¬ció a la magia de los Tuatha de Danann. No obstante, éstos seguían teniendo poderes mágicos que generaban complicaciones a los hijos de Mil. De modo que tuvieron que pactar.
Se decidió entonces dividir el país, quedando los Tuatha de Danann dueños del subsuelo, y los hijos de Mil, de la superficie. Dagda dio a cada uno de sus cau¬dillos un montículo mágico o sidh, en el que muchos años después vivieron las hadas de Irlanda. Este fue el acuerdo que establecieron los Tuatha de Dannan y los gaélicos.
Fuente: El magico mundo de los Celtas Viviana Campos
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